En una parada de autobús de la Casa de Campo, disfrutando del solecito de la mañana, es cuando se siente más niña que nunca y recupera algo de su infancia robada. Quiere que vayamos al Batán para visitar a compañeras de piso que trabajan en esa zona. Me pide que saque fotos a sus amigas y yo acepto la propuesta.
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